«¡Que empiecen pronto! ¡Que aprendan rápido! ¡Que lo hagan ya!» Expectativas adultas sobre los niños

Expectativas adultas sobre los niños: que empiecen pronto, que aprendan rápido, que lo hagan ya

El pequeño Ramoncito era un niño juguetón
Al cumplir los cinco años le compraron un balón (…)
Ha crecido Ramoncito y ahora le dicen Ramón (…)
Sus jugadas favoritas causan gran admiración
Y ha fichado en un equipo de primera división

(Dale, Ramón. Los payasos de la tele. 1974)

Todos recordamos la canción de aquel niño prodigio del balón que creció y se convirtió en un futbolista de primera, con la que los payasos de la tele alimentaban los sueños de aquellos niños de los años 70 y 80 que soñaban con llegar a ser estrellas del fútbol. Pues bien, para destacar la precocidad del niño, allá por 1974, se decía que «al cumplir los 5 años le compraron un balón». Hoy día, un niño que se empieza a interesar por el fútbol alrededor de su 5º cumpleaños se considera un rezagado. Si hubiera nacido en 2010, el pobre Ramoncito habría sido el último de sus amigos en tener un balón, habría sido considerado lento por no haberse apuntado a la extraescolar de fútbol (que se ofrece prácticamente en todos los colegios) a los 3 años, se habría quedado fuera de las competiciones de prebenjamines, y probablemente sus padres o algún profesor bienintencionado habrían vislumbrado algún trastorno y/o le habrían enviado a estimulación temprana. Quizá Ramoncito  ya no habría sido estrella del fútbol, dado que su afición se habría desarrollado bajo la presión de recuperar el «tiempo perdido», y bajo presión, toda afición se convierte en obligación y se hace con desgana, hasta que se abandona por completo.

Recientemente cayó en mis manos un folleto de una guardería de los años 80. En su publicidad afirmaban con orgullo que podían acoger a niños «desde los 2 años». Actualmente, para empezar, las guarderías se llaman «escuelas infantiles», con énfasis en la palabra «escuela», ya que afirman no limitarse a «guardar» a los niños mientras sus padres no pueden atenderlos, sino que se vanaglorian de impartir enseñanzas de forma temprana, algo muy valorado por sus futuros clientes. Y hoy día, el niño que inicia la guardería con 2 años va al grupo «de los mayores»; más que nada, porque la educación preescolar en colegios públicos comienza a la temprana edad de 3 años (nada que ver con los 4 ó 5 de los 80). Las guarderías, o escuelas infantiles, reciben niños desde 16 semanas de vida, desde que termina la ridícula baja por maternidad que tenemos en España, y se prometen programas de estimulación temprana desde incluso antes de cumplir el año de vida.

En 1990, quedé alucinada cuando una madre me contó que su hijo había comenzado a recibir clases de inglés con sólo 4 años. Mi mente infantil ya por entonces se preguntaba por el aprovechamiento real de esas clases. Hoy día, el inglés se incluye en la enseñanza reglada desde los 3, y, si la comunidad tiene lengua cooficial, a esta misma edad se inicia la educación trilingüe. No satisfechos con esto, es habitual que se oferte la extraescolar de inglés en los colegios desde los 3 años, por no hablar de los programas de enseñanza del inglés en guarderías, con materiales en inglés para niños de ¡1 y 2 años!

Recientemente se han popularizado las clases de matronatación (natación con bebés de escasos meses). Los padres que asisten con sus pequeños a estas clases se jactan de lo bien que se manejan sus hijos en el agua, y preguntan escandalizados si a tu hijo de 4 años «no lo habéis llevado aún a natación». Lo cierto es que la Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomienda iniciar el aprendizaje de la natación a partir de los 4 años, ya que «impartir clases de natación a los niños pequeños o a aquellos que no hayan adquirido suficientes habilidades no evita los ahogamientos, ni proporciona una protección completa». Es más, hace tiempo que existen estudios que asocian la natación en piscinas antes de los dos años a daños respiratorios graves, por lo que este inicio precoz presentaría más riesgos que beneficios.

En definitiva, si comparamos nuestra infancia con la de nuestros hijos, observaremos que hoy día los sometemos a una enorme presión. Por ejemplo, y sin ir más lejos, yo misma no fui escolarizada hasta los 4 años, y no fue hasta mucho más adelante que me puse a aprender idiomas, informática, natación o música, por no hablar de que los exámenes y los deberes no empezaron hasta alrededor de los 9 años. Estos inicios, que hoy se considerarían tardíos, no me han impedido alcanzar el nivel de competencia que necesito para mi desempeño diario. Y no es tan raro lo que cuento; seguro que tú que lees estas líneas has tenido vivencias similares. Como afirma la educadora Judit Falk (continuadora de la reconocida pediatra Emmi Pikler), en un artículo de 2001, «los descubrimientos científicos de las últimas décadas sobre las capacidades hasta ahora insospechadas de los recién nacidos y de los niños más pequeños y sobre sus competencias precoces, en vez de acrecentar la confianza en su capacidad de desarrollo, han hecho aún más exigentes a los padres y profesores en lo que respecta a la precocidad».

En definitiva, y citando nuevamente a Falk, lo que nuestros hijos realmente necesitan para desarrollar plenamente sus capacidades dista mucho de la estimulación precoz, y no es ni más ni menos que «seguridad afectiva, una cálida relación con la persona adulta, basada en el profundo interés de que son objeto, y una actitud de paciencia».

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5 pensamientos en “«¡Que empiecen pronto! ¡Que aprendan rápido! ¡Que lo hagan ya!» Expectativas adultas sobre los niños

  1. Estimada: antes que nada, gracias por tus palabras. Si bien el blog que tengo tiene un fin más “familiar” (ya que está pensado para dejárselo a mis hijos para cuando crezcan) y de “terapia” personal (ya que me ayuda a entender mejor mi propia maternidad) ha sido increiblemente grato toparme en la Web con personas que han tenido experiencias similares. Sobre todo en el tema de los late-talkers ya que como padres uno se suele sentir bastante solo. Desgraciadamente en Chile (y al parecer en el resto del mundo también) hay muy poca información a nivel de especialistas (médicos, terapeutas, etc.) respecto a este fenómeno. Tal como dices tú, es fácil que los “profesionales” se apresuren en dar un diagnóstico. Como mencionas en tu entrada, hay una obsesión para apresurar a nuestros hijos y ese apresuramiento abarca desde las exigencias escolares hasta los diagnósticos médicos. Cada día se lucha más por quitarle a los niños su infancia. Mis hijos me han enseñado que no se puede ni se debe apresurar a las personas. Cada chico se desarrolla de manera distinta y podrá adquirir las distintas habilidades cuando esté listo.

    Gracias también por tu referencia a mi entrada sobre el Síndrome de Einstein. Es cierto que hay niños que efectivamente son autistas, pero concuerdo contigo en que se ha generado un “boom” de casos de autismo y a veces es tan simple como que el niño o niña simplemente habló más tarde. Ahora, como madre, debo admitir que en los años de silencio de mi hijo a veces me desesperaba por el mismo hecho de que se sabe tan poco y que nadie era capaz de darme una respuesta. Las palabras tranquilizadoras de mi marido y las lecturas de T. Sowell y S. Camarata me dieron la fuerza para esperar a que el pequeño llegara a los 4,5 años para que se pusiera a habalar.

    Finalmente, para no alargarme tanto, no puedo hacer menos que felicitarte por el blog. Leí algunas de tus entradas y es fascinante lo que estás haciendo. Cuesta mantener la constancia, pero espero que tú lo logres y que sigas con tus entradas. Faltan páginas en español que estén dedicadas de manera seria al desarrollo de los niños y lo que estás haciendo aquí es una valiosa fuente de información con buenos datos y una cautivante redacción. Una vez más, gracias y te seguiré leyendo…

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    • Matilda, muchas gracias por tus palabras! Me siento muy identificada con tu forma de pensar y con tu experiencia personal. En la época en la que me puse a buscar información, yo también me encontré con que existen muy pocos recursos en español y muy dispersos; de ahí la necesidad de acercar y recopilar la información.

      Mucho me temo que los países occidentales van a remolque de EEUU, y allí la situación de sobrediagnóstico de los trastornos es todavía peor; por eso quizá es allí donde empezaron a surgir las voces discordantes y los profesionales que abogan por aplicar el sentido común, pero desafortunadamente esto no ha llegado (todavía) a los países hispanoparlantes.

      Estoy preparando traducciones de artículos en prensa de Enrico Gnaulati (un psicólogo que acabo de descubrir, autor del libro «Back to Normal: Why Ordinary Childhood Behavior Is Mistaken for ADHD, Bipolar Disorder, and Autism Spectrum Disorder») y otros que puedan tranquilizar y dar argumentos a las familias.

      Gracias de nuevo por tu comentario, nos seguimos leyendo!

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  2. Hola! Me parece una idea fabulosa!!! Y desde luego no serán pocos casos. En cuanto te sales del patrón, en cualquier sentido, ya se tuerce el tema. Nosotros también hemos tenido una experiencia horrible con un colegio público. Comentándolo con bastante gente, les resulta tan descabellado, pero lo peor es que no es algo fuera de lo común. Todos tenían experiencias propias o de alguien cercano, porque si su hijo era inquieto, o no hacía tal chorrada, etc. Según mi opinión personal, la competencia profesional de psicólogos es bastante baja en general, al menos en España. ¿Qué se puede esperar de personas que en su inmensa mayoría no han visto nada de ciencias desde la escuela primaria? ¿Cómo pueden dedicarse a la “salud”? Y lo peor no es que sean unos ignorantes, es que ni sospechan lo ignorantes que son, y ni se plantean las consecuencias que su ignorancia puede provocar. Una compañera del colegio, psicóloga, sin tener ni idea, y repito que ni idea, porque ella misma lo dice, y lo sé por su currículum, está en un centro de estimulación temprana, pues vale. No se niegan a hacer algo para lo que no tienen ni idea, al contrario, la ignorancia es tan valiente…. Incluso profesores de psicología de la universidad (conozco a unos cuantos) lo dicen de muchos de sus propios compañeros y no digamos de sus estudiantes. Y en la profesión de maestros también, tela marinera (tengo también compañeras en esa profesión). En muchos casos, usan la táctica de Procrustes (si no te ajustas al patrón, te corto y te ajustas de la forma que sea), es más fácil poner la “máquina” en piloto automático y trabajar lo menos posible. Eso pasará en todas las profesiones, pero las consecuencias con los niños, son graves, no solo por las etiquetas en sí, sino por convivir en un ambiente no propicio y desfavorable. Está claro que no buscan la ayuda y beneficio del niño en muchos casos, si no ahorrarse faena (ni se cortan en admitirlo abiertamente, no tienen ni siquiera vergüenza). Cobrar a fin de mes con el mínimo esfuerzo. Y lo mismo que con los psicólogos, en España ¿los estudiantes más preparados son los que eligen una carrera de maestro o psicología? Pues en la inmensa mayoría, no, y así nos va, dejamos a nuestros hijos en manos de personas, que déjalas ir… en muchos casos.
    Yo también te seguiré leyendo. Un abrazo

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    • Otra mamá, muchas gracias por tu interés! Nosotros en nuestros pocos pero intensos años de escolarización hemos dado con profesionales de todo tipo. Varios de ellos por desgracia encajan a la perfección en tu descripción. En ella tocas muchos puntos que quiero tratar en el blog, porque no se me escapa que muchos diagnósticos se dan por interés, sobre todo, por interés del maestro en conseguir recursos que le hagan más fácil la labor y le “quiten de encima” a los alumnos que le suponen más trabajo.

      Sobre la formación de algunos “profesionales” también escribe el psicólogo Enrico Gnaulati en un artículo de prensa que estoy traduciendo y espero publicar en breve.

      Pero también quiero dejar claro que hay profesionales que hacen su trabajo con conocimiento de causa y con empatía y respeto hacia los niños. Por cierto, muchos de este grupo tienen hijos, y no creo que sea casualidad.

      Por desgracia, sí son muchos los casos. Aunque es un tema tabú y pocos hablan de ello abiertamente, a poco que se rasca empiezan a aparecer. Espero que vuestra experiencia haya pasado ya. Gracias de nuevo por tus palabras!

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