Empieza el cole y mi hijo aún no controla esfínteres, ¿qué puedo hacer?

Soluciones prácticas para las familias

El control de esfínteres que nos trae tan de cabeza a las familias es, como ya hemos visto, una habilidad madurativa, y, por lo tanto, poco se puede hacer para acelerar su adquisición real. Lo ideal y lo deseable sería entonces poder esperar a que cada niño complete el proceso a su ritmo; igual que a la hora de empezar a gatear o a andar. Sin embargo, topamos con que, en la sociedad en que vivimos, la escolarización, en la práctica, comienza a los 3 años. Técnicamente, no es obligatoria hasta los 6, pero el «efecto rebaño» de la escolarización mayoritaria a los 3 provoca que en muchos casos haya problemas para encontrar plaza más allá de esta edad en los centros más demandados.

Empieza el cole y mi hijo no controla esfínteres, soluciones prácticas para las familiasAsí pues, iniciando el curso entre los 32,5 meses y los 45 meses de edad, es normal que muchos niños, especialmente los nacidos hacia finales de año, entren al colegio sin controlar esfínteres. No hay que olvidar que la edad media de adquisición del control de esfínteres diurno, según el estudio científico de referencia en la materia, es de 32,5 meses para las niñas y 35 meses para los niños, con un rango de variación de hasta un año (es decir, se observaron casos 6 meses antes de la media y 6 meses después).

Con este panorama, lo lógico sería que los niños pudieran acudir al colegio en pañal, pero el sistema asume como cierta la creencia popular de que el pañal se deja a los dos años y deja completamente desamparados a los niños que todavía no han madurado lo suficiente como para ir al baño. Los profesores deben atender, con la ayuda ocasional de un apoyo, a 25 niños de entre 2 y 3 años, muchos de los cuales no tienen una comunicación verbal fluida para explicar qué les pasa, en plena adaptación al colegio… Por lo que materialmente les suele resultar imposible cambiar pañales. Además, reglamentariamente tampoco entra en sus atribuciones. Aun así, todavía existe entre ellos algún alma caritativa que saca un momento de donde no lo hay y atiende las necesidades del niño que se ha hecho pis o caca (mi agradecimiento personal para quienes lo hacen, por su humanidad). El cambio de pañales o de ropa mojada no entra en las atribuciones de los tutores, ni de los docentes de apoyo, pero tampoco se atribuye a ninguna otra figura, por lo que cada vez que un niño se lo haga encima, el colegio llamará a sus padres, que deberán acudir a cambiar a su hijo estén donde estén, dejando todo lo que estén haciendo, y aun así, llegarán cuando el niño lleve un rato considerable con sus necesidades encima.

Para evitar esta situación tan poco deseable, hay varias cosas que podemos hacer. Pero antes, deberemos ir con las ideas bien claras y tener varias cuestiones en consideración.

Consideraciones previas antes de actuar

Lo primero y principal es que debemos tener el convencimiento de que al niño no le pasa nada anormal. Al contrario, es muy frecuente y habitual, especialmente en los niños nacidos hacia el final del año, no haber completado el control de esfínteres cuando llega el momento de ir al cole, si tenemos en cuenta el estudio citado anteriormente (cuyo resumen convendría imprimir y tener a mano). Es muy importante tener el firme convencimiento de hallarnos dentro de la normalidad porque condicionará la actitud que vamos a tener a la hora de dialogar y negociar con docentes y directores, e incluso al plantearlo a otros padres, y consecuentemente condicionará la respuesta que vamos a obtener.

Ante todo, debemos conocer las prácticas habituales del centro, para saber si realmente encontraremos problemas. Por ejemplo, en los colegios privados y concertados, lo normal es que cambien a los niños. También existe algún colegio público donde hay un auxiliar o higienista habilitado para hacer los cambios.

Seguidamente, para encontrar la solución más adecuada, deberemos movernos y buscar información. Para conocer mejor nuestras opciones, cuanta más información podamos obtener de los niveles de matriculación de los colegios de la zona, de la filosofía de los centros, de la actitud de los directores… mejor. Lo ideal sería ponerse en contacto con otras familias que hayan pasado por lo mismo en nuestro colegio y conocer su experiencia, para así comprobar de qué punto partimos.

Posibles soluciones

1. No escolarizar, o no llevar al colegio, hasta que no controle esfínteres. Es la solución más práctica para evitar sufrimiento innecesario, ya que la escolarización no es obligatoria hasta que empieza Primaria. Si es un colegio en el que suele haber plazas de sobra o si no tenemos una preferencia de colegio específica, podemos incluso no presentar la matrícula hasta que llegue el momento. Si hemos presentado la matrícula por ser un colegio muy demandado, podremos no llevar al niño durante las primeras semanas sin mayores consecuencias, pero al poco tiempo nos llamarán avisándonos de que podemos perder la plaza. En este caso, será importante establecer una negociación positiva con la dirección del centro.

2. Negociar con la profesora o el centro el uso de braga-pañal o ropa interior de aprendizaje. Si la primera opción no nos es posible, siempre podremos plantear el problema a la profesora o, en su caso, al centro, y proponer el uso provisional de braga-pañal o ropa interior de aprendizaje hasta que esté completado el control de esfínteres.

El braga-pañal constituye una opción que facilita que el niño pueda tener su autonomía para subirlo y bajarlo como si fueran unos calzoncillos o braguitas, con lo que puede ir al baño como todos sus compañeros, pero con una absorción similar a un pañal para que pueda mantenerse medianamente seco en caso de accidente. La absorción es menor que la de un pañal, así que lo recomendable (y lo que seguramente nos propongan) será acudir a cambiarlo como si llevara ropa interior, ya que, en el hipotético caso de que no pudiera controlar dos veces en un mismo día, podría desbordarse y perder su efectividad. El «problema» del braga-pañal es que quienes no ven el proceso de control de esfínteres como algo madurativo, sino como una cuestión de «entrenamiento» (o falta de éste), tienen el firme convencimiento de que hace que los niños se «acomoden» y no se esfuercen por ir al baño, por lo que es posible que, si son muy hostiles, limiten su uso o no nos lo permitan desde un principio. Lo cierto es que los niños, por «cómodo» que les resulte hacérselo encima, preferirán ir al baño si son capaces de controlar y se sienten preparados. El uso de ropa interior, braga-pañal o pañal es indiferente. Como muestra un botón: mi hijo mayor adquirió el control del esfínter de la orina durante unas vacaciones de Navidad en las que llevaba todo el tiempo braga-pañal; al igual que muchos niños lo han adquirido llevando directamente pañal (del cual, incluso, en muchos casos han pedido deshacerse ellos mismos).

Los calzoncillos, braguitas o pantalones de aprendizaje (esta última, traducción cuestionable de «training pants») son la versión en tela del braga-pañal. Se trata de unos calzoncillos y braguitas con relleno absorbente, y, en algunos casos, apertura lateral para facilitar el cambio en caso de caca. A diferencia del braga-pañal, no son desechables; son lavables y reutilizables. Hay de diferentes grados de absorción, según su grosor (cuanto más gruesos, más absorción, evidentemente). Así pues, cuanto más se parezcan a la ropa interior, menos será su absorción. De hecho, estos últimos están pensados para niños que en cierto modo empiezan a controlar, y que se dan cuenta de que se les ha escapado «un poco» y van al wc. Si éste último no es tu caso, busca unos calzoncillos o braguitas de aprendizaje que sean realmente absorbentes, o estaremos en las mismas que con la ropa interior convencional. Por el mismo motivo de la escasa absorción, deberemos ir a cambiarlos cuando se lo hagan encima; además, hay que tener en cuenta que con ellos el niño nota la humedad y se siente más incómodo que con braga-pañal. Sin embargo, es posible que, en algún caso, esta opción sea mejor aceptada por el centro, por el mayor parecido de la ropa interior de aprendizaje con la convencional. O, al menos, podremos intentar negociar con quienes ven en el braga-pañal un artículo que hace que los niños se «acomoden» por su parecido al pañal.

3. Hablar con el AMPA de la contratación de un auxiliar o higienista. Si ninguna de las dos opciones anteriores es viable, y habida cuenta de que habrá más familias en la misma situación, queda la opción de acudir al AMPA o hacer un sondeo entre las familias de las clases de 3 años para contratar entre todos a un auxiliar. El AMPA puede tener ya contactos de otros años o incluso una forma de funcionar ya establecida. En caso de que no los tenga, también puede contactar con empresas de extraescolares, que a veces ofrecen la prestación de este servicio. No evita que el niño se ensucie o sienta vergüenza cuando se lo haga encima, pero al menos puede volver a estar limpio y seco más rápidamente que si tenemos que acudir desde fuera del centro.

¡Mucho cuidado! Peligros que pueden acecharos

Desde el centro nos pueden ofrecer una solución-trampa, con la que deberemos tener mucho cuidado. Nos dicen que se permitirá al niño acudir al colegio en pañal, e incluso que habrá una persona para cambiarlo si damos el consentimiento para realizar una evaluación psicopedagógica o si justificamos con un informe médico de un pediatra que existe un retraso madurativo. En ningún caso deberemos consentirlo. Como ya hemos visto, con las edades de escolarización actuales, llegar al colegio sin controlar esfínteres es perfectamente normal y nunca puede ser considerado síntoma de retraso madurativo ni de un trastorno neurológico, como Trastorno del Espectro Autista (TEA) o TDAH, que es muy posible que le achaquen si se inicia una evaluación psicológica subjetiva del niño. Firmar esos documentos sólo para conseguir que le cambien el pañal puede ser muy peligroso, ya que el niño adquirirá el control de esfínteres, pero la etiqueta se quedará con él y le traerá problemas más graves a largo plazo.

Si lo que observamos es un empeoramiento del control de esfínteres, o una regresión, podemos estar realmente ante otro problema de mayor calado. La tesis de Ulla Britt-Janson (2007) ya indicaba que los «acontecimientos vitales» que viven los niños de forma negativa pueden incidir en el control de esfínteres, y concretamente citaba el inicio de la escolarización como uno de estos acontecimientos vitales que pueden presentar dificultades emocionales para los niños. Conviene descartar que el el niño esté viviendo la escolarización de forma traumática, o que ésta le esté generando una angustia que le desborde. Es muy importante observar al niño y, si hay sospechas de que lo esté pasando mal, tener una charla sincera con la tutora, para valorar posibles actuaciones.

Un consejo personal: huye de los «colegios hostiles»

En resumidas cuentas, la posible solución que podamos encontrar al ingreso al colegio sin control de esfínteres dependerá fundamentalmente de la actitud del centro. En la propia reunión inicial que organiza el colegio con los padres y madres de 3 años recibiremos pistas sobre esta actitud. No es lo mismo que nos reciban diciéndonos: «aquí tienen que venir controlando pipí y caca, y no sólo eso, sino que también tienen que saber ir al baño solos: subirse y bajarse el pantalón, limpiarse y tirar de la cadena; porque a lo mejor estoy leyendo un cuento y no voy a parar la clase porque un niño quiera ir al baño», que diciéndonos: «seguramente alguna vez se harán pipí y caca encima; no os preocupéis, es completamente normal». Podemos imaginar que en el segundo colegio tendremos más posibilidades de llegar a un acuerdo satisfactorio que en el primero (a propósito, ambos ejemplos vienen de casos reales).

Pero no sólo eso. Esa actitud hostil y rígida respecto a un proceso madurativo como el control de esfínteres nos da también pistas sobre el respeto al desarrollo del niño que van a mostrarnos en el centro. Por eso, la actitud y filosofía del centro debería ser uno de los principales aspectos que tengamos en cuenta a la hora de elegir colegio, ya que, si no es por el control de esfínteres, podemos acabar teniendo problemas por un motivo u otro a lo largo de la etapa escolar. También podemos tener la suerte de dar con un docente respetuoso en un colegio hostil, pero seguramente su actitud acabará mediatizada por la dirección del centro, al verse sin su apoyo y para evitar conflictos. Así pues, mi consejo desde la experiencia: si te es posible, huye de los «colegios hostiles».

Sin embargo, lo más lamentable es que el hecho de que nuestros hijos estén escolarizados en condiciones dignas y acordes con su desarrollo tenga que pasar por la voluntad arbitraria de docentes y directores; que tengamos que ir «pidiendo favores» y «medidas de gracia» para recibir lo que debería ser normal. Por eso, y aunque en poco tiempo nuestro hijo controle esfínteres y nuestro problema particular desaparezca, no podemos dejar de reivindicar que el sistema educativo tenga en cuenta la realidad del desarrollo madurativo infantil, avalada por estudios científicos, hasta que se contemplen medidas regladas y oficiales para evitar una situación injusta a muchísimas familias, que, como siempre, acaban pagando los más débiles: los niños.

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7 pensamientos en “Empieza el cole y mi hijo aún no controla esfínteres, ¿qué puedo hacer?

  1. Enhorabuena por el blog, eres grande!! estoy totalmente de acuerdo con todos los post que has publicado. La gente está loca con los hitos de desarrollo haciendo de todo una patología o un trastorno cuando cada persona lleva su propio reloj de desarrollo.

    Muchas gracias!

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  2. ¡Muchas gracias a los dos por vuestras palabras! No puedo estar más de acuerdo con los dos. Otra mamá, los colegios hostiles siempre acaban trayendo problemas más tarde o más temprano, si no es por una cosa es por otra, por la falta de empatía hacia los niños. Sam, no lo dudes, hemos llegado a un punto de “histeria colectiva” en el que se mira con lupa a los niños pequeños. Hace falta un cambio drástico de mentalidad y crear conciencia para que se respeten los diferentes ritmos de desarrollo y para que no se “cuelguen” etiquetas alegremente, como si no tuvieran ninguna consecuencia.

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  3. Pingback: Al cole con pañal - Y, además, mamá

  4. hola,

    ante todo mi mas sincera enhorabuena por el post. Mi hija cumple 3 años el mes que viene y empezó en septiembre en el colegio. Ella es limpia (no se hace ni pipi ni caca encima) pero hace dos días se hizo caquita encima. estaba jugando y se despisto. me llamaron del colegio para decírmelo y pidiéndome de acudir al centro para cambiarla. Claro, se piensan que tal y como estan las cosas, caulquiera puede salir de su trabajo asi como asi. Le pedí el grandísimo favor de que alguien la cambiara por el simple hecho que nosotros vivimos en Córdoba capital pero mi marido trabaja a 25km y yo a 20km de nuestra casa. me dijeron que no la cambiarían porque por normativa no podían hacerlo. imaginaros mi cara después de explicarle a la maestra mi situación y que no teníamos a nadie (ni abuelos, ni tios ni na de na aqui en Córdoba). Bueno pues por suerte (en el momento ni me acorde puesto que se me cayó el mundo encima) mi prima estaba de visita un par de días aqui y pudo ir ella a cambiar a mi hija. cuando llegó, mi niña tenia caca pegada en el culo porque la dejaron tal y como estaba y mi prima con toallitas , muy despacito fue limpiándole el culito. Mi hija quejandose y medio lorando porque le dolía el culete. he solicitado tutoria y cita con la directora (voy que trino) pero me gustaria saber si es verdad que hay una normativa que prohíbe al maestro, monitor, etc, cambiar al niño? Es inhumano para el niño ademas de a infección que puede piyar. Sabes si puedo hacer algo al respecto tal y como una reclamación, o algo asi? y me interesa sobre todo el tema ese de la supuesta normativa. si alguien me puede ayudar por favor, que este tema me trae por la calle de la amargura y tengo una impotencia encima que pa que. Mil gracias de antemano.

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    • Hola Paqui. No estoy empapada de la legislación al 100%, y más cuando cada comunidad autónoma tiene sus propias normas, pero lo que suele ocurrir en estos casos es precisamente lo contrario, que hay un vacío legal. Si ninguna normativa especifica que es obligación del colegio mantener a los niños en condiciones higiénicas cuando ocurren estas cosas, lo normal es que (lamentablemente) desde el colegio pasen la responsabilidad a los padres. Este artículo tiene ya algunos años, no sé si habrá habido algún cambio en la legislación, pero explica bastante bien lo que suele ocurrir en estos casos:
      http://www.diariosur.es/v/20111006/malaga/educacion-aclara-padres-estan-20111006.html

      Se da la circunstancia de que, según la noticia, la Consejería de Educación incluso se inclina más por atribuir la responsabilidad al centro que a la familia. En cualquier caso, desconozco si existe una normativa oficial ahora mismo, o incluso si de lo que te hablaban era de una normativa interna del propio centro, para eso lo mejor será que les pidas que te la enseñen o que te digan de qué norma se trata. De todas formas, es un tema que suele depender bastante de la empatía y la comprensión de los profesionales, así que, sinceramente, me temo que aunque no haya normativa, la maestra va a seguir en sus trece.

      Espero que alguien pueda arrojar más luz sobre este asunto, y particularmente que no tengáis que veros más en esa situación tan desagradable.

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  5. Es terrorífico cómo se trata a los niños en los colegios. En cuanto “molestan” por movidos, porque no controlan esfinter etc ya tratan de ponerles etiquetas. Es durísimo, sobre el papel te dicen que hay que respetar su desarrollo individual, pero en la práctica: que no se mueva, que no hable, que no se cague. Entran pequeñísimos y no todos están maduros para lo que se les exige. Es triste y terrorífico.

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