5 mitos sobre la socialización: los niños pequeños no son como nos han contado

5 mitos sobre socializacion1. «Los hermanos pequeños son más listos, porque tienen “maestros” de los que aprender».

FALSO. Pese a lo que pueda parecer por el carácter de los hermanos, varios estudios científicos han demostrado que los hermanos mayores tienen un coeficiente intelectual superior al de los pequeños. Un estudio de 2007 (comentado en español en Bebesymas) analizó los datos de miles de reclutas noruegos y concluyó que los hijos mayores tenían el mayor coeficiente intelectual, que éste era más bajo en los segundos hijos, más bajo aún en los terceros, y así sucesivamente. El estudio descarta razones biológicas, dado que, si el mayor moría, el segundo pasaba a tener el coeficiente intelectual propio de un primogénito. Los resultados de este estudio han sido confirmados por otro de 2015, que matiza que la diferencia no es significativa ni apreciable en la vida diaria, aunque efectivamente los mayores tienen un mayor coeficiente intelectual. Diversas hipótesis apuntan a que esta diferencia se debe, en gran parte, al mayor tiempo que los padres dedican en exclusiva a los mayores, que se va viendo mermado con la llegada de cada nuevo hijo.

2. «Si lo llevo a la guardería se desarrollará antes porque imitará a sus compañeros».

FALSO. Está muy extendida la creencia de que los niños que van a la guardería aprenden antes a hablar / andar / controlar esfínteres… Sin embargo, estos procesos son madurativos y llegan cuando tienen que llegar. ¿A alguien se le ha ocurrido esperar que un bebé de meses arranque a hablar por convivir en una guardería con niños de 2 y 3 años? Es de lógica que, en cuanto a los procesos madurativos, el «efecto rebaño» lo único que puede suponer es un estímulo para quienes ya están listos para dar el paso, y siempre porque los adultos al cargo crean un clima en el que esa acción es valorada de forma positiva. Si las habilidades madurativas se adquirieran por aprendizaje de los iguales, no serían tan frecuentes los casos de niños que se hacen sus necesidades encima en el colegio hasta bien entrado el primer curso de infantil, o los niños de 2 años que apenas dicen 2 ó 3 palabras pese a estar tiempo yendo a la guardería. Hemos de tener en cuenta que hay factores biológicos que influyen en el desarrollo madurativo y que no se pueden cambiar por muchos estímulos externos que reciba el niño; por ejemplo, el sexo (las niñas desarrollan antes el control de esfínteres, el lenguaje y otras características valoradas positivamente), los niveles de testosterona prenatal (en los chicos, retrasa el desarrollo del lenguaje), etc., así como acontecimientos vitales, como la llegada de un hermanito o la escolarización, que, según trabajos de investigación, influyen en procesos madurativos como el control de esfínteres cuando son percibidos negativamente por el niño.

3. «Sólo a través del contacto con otros niños aprenderá a interactuar con sus iguales».

FALSO. El niño inicia su interacción social con los adultos, dado que es con éstos con quienes establece sus vínculos más fuertes nada más llegar al mundo. Los adultos son quienes «enseñan» a los niños a interactuar socialmente, a través de los contactos que establecen con el niño. Por este motivo, los niños son capaces de interactuar de forma temprana con sus padres o cuidadores adultos habituales, pero, según diversos estudios, cuando son muy pequeños no podemos esperar que interactúen con sus iguales al mismo nivel. Un estudio de 2010 afirma que «la competencia social de los niños muy pequeños respecto a sus compañeros parece ir por detrás de la que poseen respecto a los adultos, con una diferencia que va de varios meses a un año». Otro estudio de 2006 ya apuntaba que «los niños pueden poner su incipiente entendimiento de lo social a trabajar en actividades cooperativas con adultos al final de su etapa como bebés (Hay, 1979; Ross & Lollis, 1987; Warnecken et al., 2005). Como los niños muy pequeños llegan a expresar y compartir intenciones con los adultos “en el marco de la actividad establecida” (Nelson, in press), pueden detectar e interpretar las acciones intencionadas de los adultos y utilizar sus propios gestos y palabras para afectar a estas acciones. Esto también les permite participar en el juego cooperativo con los adultos mucho antes de que puedan hacerlo con sus coetáneos. En el presente estudio, los niños de 1 año no fueron capaces de cooperar mutuamente incluso aunque los adultos les mostraran el objetivo y les recordaran cómo conseguirlo, de forma similar a como se hace en el juego cooperativo entre adultos y niños». En definitiva, los niños aprenden a interactuar con los adultos, adquieren y ponen en práctica con ellos las bases de la interacción social, y no es hasta más tarde cuando pueden exportar su experiencia con los adultos a una interacción con otros niños de su edad, que require un mayor grado de madurez y competencias.

4. «En la guardería aprenderá a compartir y a ser solidario».

FALSO. Un estudio del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EEUU demostró que es más bien al contrario: los niños que pasan más tiempo en las guarderías y escuelas infantiles antes de cumplir los 5 años de edad son más agresivos y desobedientes cuando se encuentran fuera del centro escolar. Este estudio viene a confirmar los hallazgos de estudios anteriores, como uno de la Universidad de Stanford que puntualizaba que «además, los efectos negativos en el comportamiento asociados a la asistencia a un centro, en comparación con el cuidado a cargo de los padres, son mucho mayores en aquellos niños que inician su escolarización con menos de 2 años y particularmente amplios para aquellos que empiezan con menos de un año». «Para los niños de familias tanto de bajos ingresos como de altos ingresos, comenzar la escolarización antes de los dos años no es particularmente beneficioso para el desarrollo cognitivo y parece ser perjudicial para el desarrollo social», apostilla.

5. «Si lo llevo a la guardería se hará más sociable y le cogerá gusto a estar con otros niños»

FALSO. La sociabilidad depende del carácter individual y del nivel madurativo. Poco influye el entorno. Si el niño no tiene interés en jugar o relacionarse con sus coetáneos, seguirá sin tenerlo por muchos niños que haya a su alrededor. Como muestra, un botón: mi hijo mayor, tras un año entero de escolarización, sólo jugaba con los niños que se acercaban a él (y no con todos); mientras que mi hijo pequeño, sin estar escolarizado todavía, iba detrás de sus coetáneos en el parque para interactuar con ellos. Además, el juego social es un hito madurativo, y algunos llegan después que otros. Los más rezagados suelen ser los chicos, que prefieren el juego en solitario durante más tiempo. Segun un estudio de la dra. Barbu publicado en 2011, «los niños en edad preescolar jugaban solos con más frecuencia que las niñas en edad preescolar. Esta diferencia estaba especialmente marcada a los 3-4 años». Según la Dra. Barbu, no es hasta los 4 ó 5 años cuando los chicos se implican en el juego asociativo al mismo nivel que las chicas. Y, según este mismo estudio, que observó el juego de niños y niñas en diversos niveles de educación infantil, los de 2 y 3 años pasaban más tiempo jugando en solitario (24,4%) y en solitario junto a otros niños -lo que se conoce como juego en paralelo- (22,4%), que jugando con otros niños en juego asociativo (17%) o cooperativo (0,7%), o interactuando con compañeros (5,3%).

En definitiva, y contrariamente a lo que se piensa, la socialización de los niños comienza ineludiblemente por la relación con los adultos, en la mayor exclusividad posible, empezando por el establecimiento y afianzamiento de un vínculo de apego seguro y sólido. La incorporación progresiva a la sociedad en compañía de los padres o las figuras de apego, a través de contactos sociales con personas de todas las edades (niños en el parque, tenderos en los establecimientos, amistades de los padres…), no tiene por qué ser peor que una introducción «de golpe» en un entorno escolar con numerosos niños y una figura de apego compartida por muchos. Más bien al contrario, los estudios parecen afirmar que antes de los 2 años apenas hay interacción social entre iguales ni beneficios cognitivos con la escolarización, aunque sí un aumento de la agresividad. Además, la Asociación Española de Pediatría también recomienda evitar la escolarización antes de los 2 años, siempre que sea posible, por el mayor riesgo de problemas de salud.

Una vez más, los perjuicios de buscar una socialización forzada superan a los presuntos beneficios. Así pues, lo más recomendable es no intentar forzar sus ritmos de socialización; ésta llegará por sí sola con el tiempo independientemente de lo que hagamos los adultos a su cargo. Y no nos sorprendamos ni busquemos culpables por el hecho de que unos niños sean más sociables que otros. A fin de cuentas, esto también ocurre entre los adultos y lo tomamos con naturalidad, ¿por qué los niños tienen que ser diferentes?

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