¿Modificar las conductas de nuestros hijos con pegatinas?

Panel de recompensasToda la vida, y lo recordaremos de nuestra propia infancia, se han usado en el colegio sistemas para influir en la conducta de los alumnos: pegatinas, positivos y negativos… Con el tiempo, los métodos se han «refinado», se han reducido los refuerzos negativos (o castigos) y son habituales los refuerzos positivos en forma de pegatinas o gomets para premiar a los niños que «se portan bien». Hoy en día, y en parte gracias a la popularidad de ciertas educadoras mediáticas, estos sistemas de pegatinas para modificar la conducta se han introducido en nuestros hogares y se han puesto muy de moda los paneles de recompensas: un calendario donde se pega una pegatina si el niño realiza la conducta adecuada durante todo un día y, si ésta persiste durante el tiempo estipulado (una semana, un mes…), se concede al niño un premio que le resulte motivador. Muchas familias se plantean adoptar estos métodos que tan extendidos están en el colegio y se preguntan: ¿Realmente estos métodos funcionan? ¿Serán la solución definitiva para que mi hijo se «porte bien»? Sigue leyendo

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Demasiados diagnósticos psiquiátricos infantiles: una epidemia de etiquetas

(Artículo original de la Dra. Claudia M. Gold, pediatra especialista en salud mental en la primera infancia, publicado el 12 de junio de 2013 en su blog “Child in Mind”)

epidemia-etiquetasAllen Frances, catedrático de Psicología Infantil en la Universidad de Duke y miembro del grupo de trabajo del DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales) dio en el clavo con su reciente comentario «¿Por qué tantas epidemias de trastornos mentales infantiles?» («Why So Many Epidemics of Childhood Mental Disorders?») en la revista científica Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics. Como realiza su exposición de forma tan clara y persuasiva (y el artículo completo sólo está disponible para los suscriptores de la revista), lo citaré en detalle:

«Desde la publicación del DSM-IV en 1994, las cifras de 3 trastornos mentales se han disparado: el trastorno por déficit de atención-hiperactividad (TDAH) se ha triplicado, el autismo se ha multiplicado por 20 y el trastorno bipolar infantil, por 40. No es un accidente que la inflación diagnóstica se haya centrado en los trastornos mentales de niños y adolescentes. Diagnosticarlos con precisión presenta una dificultad inherente porque los jóvenes tienen un historial corto; están en un flujo de desarrollo que hace que las manifestaciones sean transitorias e inestables; son sensibles a la presión familiar, escolar y de las amistades; y puede que estén tomando drogas. Si en algún caso deben ser conservadores los diagnósticos, éste es el de los niños. En su lugar, hemos experimentado una exhuberancia diagnóstica sin precedentes, alentada en parte por el DSM-IV, pero estimulada en su mayor parte por las poderosas fuerzas externas del marketing de las compañías farmacéuticas y el firme emparejamiento de los servicios de refuerzo escolar con un diagnóstico de trastorno mental».

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Cuando el sufrimiento bloquea el desarrollo madurativo infantil

sufrimiento y desarrollo infantilCada niño se desarrolla a su propio ritmo. Este ritmo depende principalmente de factores genéticos, de género y hormonales, pero no menos importante es el entorno, el ambiente en el que se cría el niño, y que influye en su estado emocional. Es decir, para desarrollarse de forma óptima, el niño tiene que estar bien. Igual que las personas adultas. Si no nos encontramos bien emocionalmente (si estamos preocupados por un ser querido, si hemos vivido una ruptura sentimental, etc.), lo acusamos en el trabajo y en los estudios: prestamos menos atención, no podemos concentrarnos y nuestro rendimiento baja. Como afirma un informe del Centro sobre el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard, «las capacidades cognitivas, emocionales y sociales están entrelazadas inextricablemente a lo largo del curso de la vida». Tanto en la vida de los adultos como en la de los niños, el sufrimiento no se puede evitar, pero sí canalizarlo de manera adecuada. Los adultos podemos hacerlo solos; en los niños, las familias jugamos un papel fundamental para amortiguarlo y que no se convierta en perjudicial. Sigue leyendo

Empieza el colegio (o la guardería) y mi hijo no quiere ir

024-empieza-el-cole-y-mi-hijo-no-quiere-irSe acerca el principio de curso y tu hijo tiene bastante claro que no quiere ir al colegio o a la guardería. Cada vez que sale el tema, su negativa es constante. Incluso llega a llorar, a tener rabietas o a mostrar agresividad cuando sale el tema. En algunos casos, el rechazo surge antes de empezar; en otros, no será hasta los primeros días cuando aparezca. ¿Qué podemos hacer? Sigue leyendo