Por qué yo sí estoy a favor de los grupos de Whatsapp del cole y por qué quieren que tú no lo estés

whatsappÚltimamente, proliferan los artículos que demonizan los grupos de Whatsapp que forman los padres y madres de una clase del colegio. Estos artículos se centran en el mal uso que se da a estos grupos, a raíz del éxito de «Me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp…», y culpan a los grupos de todo tipo de males, como de fomentar la falta de responsabilidad de los hijos al poder pedir sus padres los deberes del día a través de ellos, de crear una especie de relaciones de compromiso entre los padres, de fomentar los rumores, de utilizarse para compartir comentarios banales…

Por el posible mal uso no podemos desechar la herramienta

Sin embargo, paradójicamente, la existencia de un grupo de Whatsapp no tiene nada que ver con estos malos usos que se le achacan. Es decir, estos malos usos, supuestamente sobrevenidos con la aparición de los grupos de Whatsapp, ya se daban antes de la existencia de Whatsapp. A una madre que quisiera pedir los deberes de su hijo le bastaba una llamada de teléfono a la madre de un compañero. Los rumores, los comentarios banales, los compromisos entre los padres… Ésos ya existían hace décadas en los corrillos de la puerta del colegio, en los parques y en las plazas. Y, por supuesto, siguen existiendo al margen de Whatsapp.

La posibilidad de dar a una herramienta un mal uso no debe disuadirnos de utilizarla. Si siguiéramos esta máxima, el mundo no habría avanzado, pues todo avance conlleva sus riesgos. Así pues, no debemos demonizar la tecnología y todas sus variantes, sino que debemos aprender a hacer un buen uso de ella, y así, de paso, también aprenderán a hacerlo nuestros hijos. No debemos olvidar en ningún momento que el mal uso depende sólo de nosotros mismos. Si vemos que alguien hace un uso del grupo que creemos inadecuado, nadie nos obliga a participar en él. Nadie nos obliga a pedir los deberes, a facilitarlos a otros padres, a hablar sobre terceras personas o a hacer (o responder) preguntas insustanciales.

Los buenos usos del grupo de Whatsapp de la clase

Los grupos de Whatsapp de la clase sirven para devolver el contacto entre los padres en una época y circunstancias en las que mayoritariamente se ha perdido. Hoy día, por lo general, entre los niños que van en el autobús, los que usan el servicio de madrugadores, los que van a comedor, los que tienen extraescolares y los que no, los que entran o salen con abuelos u otros cuidadores… El contacto entre los padres es escaso o inexistente.

Un grupo de Whatsapp de la clase nos facilitará enormemente las siguientes tareas, especialmente en infantil:

– Preguntar el contenido de circulares perdidas.
– Consultar fechas, horarios o festivos locales.
– Enterarnos de los puntos importantes de las reuniones de clase si no podemos asistir.
– Difundir y enterarnos de información para padres y madres procedente del colegio o del tutor y sobre la que no hayan mandado circular.
– Compartir o ver fotos y videos de festivales a los que no pudimos acudir, o de actividades escolares con los niños en las que sólo se permite la participación de unos pocos padres.
– Avisar de la imposibilidad de participar en una actividad reservada a unos pocos padres a la que nos habíamos apuntado y pedir sustitutos.
– Organizar los cumpleaños conjuntos de la clase.
– Invitar a niños al cumpleaños de nuestro hijo.
– Hacer regalos conjuntos.
– Averiguar el paradero de prendas de ropa intercambiadas.

¿Quién quiere que los padres no formen grupos de Whatsapp y por qué?

La lista de utilidades del grupo de Whatsapp de la clase se puede hacer todo lo extensa que queramos, lo que hace evidente que las ventajas de contar con dichos grupos supera ampliamente a los inconvenientes. Con todo, la razón más importante para no renunciar a los grupos de Whatsapp es que la unión hace la fuerza. Un grupo de Whatsapp nos facilita un contacto rápido con la mayoría de las familias de la clase, muchas más de las que vemos a diario o con las que nos paramos a hablar habitualmente; más aún si nuestro hijo usa el transporte escolar y nuestro contacto con otras familias de la clase suele ser mínimo o nulo. En el caso de detectar situaciones abusivas o injustas en el colegio, tener o no tener un grupo de Whatsapp puede marcar la diferencia. Y eso los profesores lo saben, por eso los mayores detractores de este tipo de grupos son docentes. Incluso el sindicato de profesores ANPE ha puesto el grito en el cielo en varias ocasiones, afirmando que los grupos de Whatsapp dan lugar a campañas de «acoso de padres a profesores», y que «las quejas de los docentes por el uso que algunos padres y madres realizan de esta red social aumentan cada año».

A poco que leamos estos artículos, nos daremos cuenta de que el sindicato ANPE, ayudado por los medios de comunicación (quizá en busca del sensacionalismo), utiliza un lenguaje tendencioso para que el lector se ponga de su parte, tomando como base los estereotipos simplistas de que todos los profesores son buenos y todos los padres son malos e insidiosos. Podemos encontrar en los artículos perlas como «algunos progenitores buscan desprestigiar a algún profesor y la red social actúa como altavoz de esa queja» (¿buscan?, ¿por qué?, ¿qué ganan con ello?), «hay padres que aprovechan estos espacios para propagar falsos rumores», «”Hacemos uso de un doble lenguaje, delante del profesor digo una cosa, pero luego en Whatsapp…”», «propagar rumores, falsas acusaciones o cuestionar los métodos del profesor ejerciendo cierta presión de grupo son prácticas habituales», «no puedes hacer un grupo y ponerte a criticar, a insultar o cuestionar la labor docente»… Según estos artículos, las madres (y padres) debemos de ser auténticas arpías.

Imaginemos esta situación en nuestro ámbito laboral adulto: un colectivo de la patronal arremete contra los grupos de Whatsapp de la oficina, la tienda, el bar…, afirmando que «algunos trabajadores buscan desprestigiar a su jefe», «hay trabajadores que aprovechan estos espacios para propagar falsos rumores sobre el jefe» o que «no pueden hacer un grupo y ponerse a cuestionar la labor directiva». Los sindicatos serían los primeros en echárseles encima (y con razón), acusándoles de intentar coartar la libertad de expresión de los trabajadores, la libertad de asociación y la formulación de reclamaciones conjuntas, así como de pretender controlar lo que hacen en su vida privada.

Lo que realmente preocupa a ciertos profesores es, precisamente, que las reclamaciones colectivas tienen más fuerza y pueden llegar más lejos que la simple queja aislada de una sola madre (o padre), que pueden fácilmente acallar por sí mismos sin hacer demasiado caso, e imponiendo sus condiciones (a veces injustas). Un representante del sindicato ANPE pone el dedo en la llaga: «estas conversaciones que se van de las manos a veces terminan en enfrentamientos en el despacho del director y con la inspección correspondiente al docente». Es decir, los grupos de Whatsapp hacen que las quejas de las familias puedan ser realmente escuchadas y surtan efecto. Y, por eso, la defensa de ANPE es la de desprestigiar estas reclamaciones de los padres, dándoles la categoría de «rumores» y «falsas críticas», y, por supuesto, demonizar los grupos de Whatsapp para que a los padres y madres ni se les ocurra estar en ellos, bajo la premisa de «divide y vencerás».

Mi experiencia

Dicho esto, hay que puntualizar que la inmensa mayoría de los profesores son personas de gran profesionalidad y muy implicadas en su trabajo. Pero, como en todo, siempre hay excepciones. Y, si damos con una de ellas, resulta muy conveniente contar con todos los recursos que estén a nuestro alcance, dado que, por lo general, hablarlo en tutoría no dará muchos resultados (aunque siempre deberemos al menos intentarlo). Por lo general, cuando alguien tiene comportamientos faltos de ética con una persona, los tiene con todo el mundo. Así, si detectamos en un docente comportamientos injustos y abusivos, puede que nuestro hijo no sea el único en sufrirlos. Los grupos de Whatsapp se convierten entonces en una herramienta fundamental, una vez que hemos agotado todas las opciones de diálogo con el maestro.

Mi experiencia con los grupos de Whatsapp y Facebook de clase ha sido siempre positiva. Lejos de toparme con personas malintencionadas, mafiosas, histéricas o chismosas de tres al cuarto, me he encontrado con madres normales y corrientes, implicadas en el día a día de sus hijos, y, dada la baja participación en los grupos, más bien discretas en su gran mayoría. Nunca he lamentado la existencia de grupos de Whatsapp de clase, más bien al contrario. Un año, me topé con una de esas excepciones del mundo de la docencia. Era el primer año que estábamos en el nuevo colegio y, por tanto, apenas conocíamos a otras familias. No había grupo de Whatsapp. Comenté nuestro caso a dos familias con las que entablé relación; ambas familias se sentían también molestas con las prácticas de la tutora, pero pensaban que reclamar no serviría de nada. Por suerte, mi hijo no continuó con esa maestra, pero, por lo que pude comprobar más adelante, el malestar con sus actuaciones era generalizado. La propia tutora había acabado admitiendo a final de curso que no había logrado establecer un vínculo afectivo con la mayoría de los niños de la clase, de 4 años. Un grupo de Whatsapp quizá habría podido contribuir a que nuestros hijos hubieran recibido un trato más digno.

En resumen, no nos dejemos llevar a la ligera por quienes hablan mal de los grupos de Whatsapp (en algunos casos, por puro interés), no pensemos que somos moralmente superiores por no estar en ellos, no renunciemos a esta poderosa herramienta por tener que soportar de vez en cuando algún comentario banal, como sí aguantamos sin mayor problema en el resto de grupos de Whatsapp a los que pertenecemos. Seamos los primeros en manifestar nuestro desacuerdo cuando alguien intente realizar un mal uso, pero sin marcharnos. Los grupos no están formados por enemigos, rivales, chismosos o mafiosos; sino por familias en el mismo barco que la nuestra. No les demos la espalda, puede que algún día nos necesitemos las unas a las otras.

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