El tamaño sí importa: lo que los genitales nos dicen sobre el desarrollo de nuestros hijos varones

020Sí, has leído bien: el tamaño del pene de tu hijo influye en su físico, personalidad e incluso en su desarrollo madurativo. ¿Por qué? Científicos chinos observaron en 2011 una correlación entre el tamaño del pene y la cantidad de testosterona prenatal recibida por el individuo en el vientre materno. A mayor tamaño del pene, mayores niveles de testosterona prenatal. Esta correlación también se da con el crecimiento del dedo anular: si el anular es más largo que el índice, el individuo ha recibido una gran cantidad de testosterona prenatal; si ambos son iguales o incluso el índice es algo mayor, los niveles de testosterona prenatal son más bajos. Esto es lo que se conoce como índice d2:d4, o, en inglés, digit ratio.

020 digit ratioNumerosos son los estudios que han analizado la influencia de la carga de testosterona prenatal sobre diversas características de los seres humanos, desde rasgos físicos hasta susceptibilidad a enfermedades, muchos de los cuales se pueden observar en Wikipedia. Estos estudios sugieren que los hombres vienen, en parte, «pre-programados» de fábrica en ciertos aspectos debido a las hormonas andrógenas (en especial, la testosterona) recibidas antes de nacer.

Cabe destacar que las mujeres también se ven afectadas por la cantidad de testosterona recibida, pero sus efectos son variables: a veces coinciden con los observados en los hombres, a veces son irrelevantes y otras veces provocan lo contrario que en los hombres. Esto puede deberse a que las mujeres reciben unas cargas de testosterona sensiblemente inferiores, ya que sus hormonas predominantes son las estrógenas. Así pues, este artículo se centrará en conocer mejor qué huella deja la testosterona en los chicos. ¿Cómo son los niños que han recibido más testosterona prenatal?

Un físico envidiable

Para empezar, los niños con altos niveles de testosterona prenatal presentan una serie de características físicas más propiamente masculinas. A grandes rasgos (porque aparte de los hormonales hay muchos otros factores en juego), y según los estudios científicos, el «retrato robot» podría ser el siguiente: son niños de mayor tamaño al nacer, con rasgos faciales atractivos y simétricos, y una tendencia a tener la cara más «cuadrada» (por una línea inferior de la mandíbula más plana, barbilla menos puntiaguda). Tienen los pezones muy pequeños y, como ya es sabido, el pene grande. Igualmente, en la edad adulta, tienen más espermatozoides, lo que les hace más aptos para la reproducción.

forma del rostro según testosterona prenatal

Recreación por ordenador de la forma del rostro según los niveles de testosterona prenatal (la único no deformada es la imagen central). El rostro de la izquierda tiene los menores niveles de testosterona prenatal (índice digital alto), mientras que el de la derecha tiene los mayores niveles de testosterona prenatal (índice digital bajo)

Por eso mismo, los hombres con mayores niveles de testosterona prenatal son percibidos como más atractivos por las mujeres; como, por otra parte, no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta los perfectos mecanismos existentes en la naturaleza para la supervivencia de la especie. Como afirma un estudio científico sobre el atractivo masculino, «las mujeres pueden verse parcialmente atraídas a los hombres por sus niveles relativos de exposición prenatal a los andrógenos; y los rasgos de atractivo físico en los hombres son, al menos en parte, marcadores de la aptitud basados en andrógenos y detectables por las mujeres».

En cuanto al cuerpo, el organismo de los hombres con más altos niveles de testosterona prenatal sintetiza mejor las proteínas para convertirlas en músculo, por lo que, según se ha observado, poseen mayor masa y fuerza muscular en la edad avanzada, lo que les hace sufrir un menor deterioro físico. Es también por este motivo que, si se dedican a la actividad física, tienen un mejor rendimiento deportivo, y además, son más veloces en la carrera aeróbica. Los dos últimos estudios apuntan a que estas cualidades les conferían en la prehistoria una ventaja evolutiva, al hacerlos más aptos para la lucha y otras actividades físicas indispensables (como la caza o la recolección).

Algún estudio también ha sugerido que la carga hormonal está relacionada con la alimentación, al afirmar que altera la forma en la que percibimos el sabor de la comida, y provoca que prefiramos unos alimentos u otros. En el caso de los hombres con altos niveles testosterona prenatal, tenderán a decantarse por los alimentos que les hagan incrementar su masa muscular, y serán menos propensos a sufrir trastornos alimentarios en busca de la delgadez, aunque otros estudios apuntan a que son más propensos a tener caries.

Muy limitados en lo social

Sin embargo, todas estas ventajas físicas tienen su contrapartida en lo social. Los chicos con altos niveles de testosterona prenatal tardan más en desarrollar el lenguaje y presentan más dificultades de articulación. Otro estudio de 2013 concluye que, cuanto más altos sean los niveles de testosterona, menor es el vocabulario del niño a los 2 años de edad. Los niños que recibieron más testosterona en el vientre materno mantienen menos contacto visual y muestran en general menos empatía. Otro estudio de 2015 asegura que la testosterona prenatal o fetal «juega un papel en el desarrollo sociocognitivo, a menudo atenuando las habilidades socioafectivas». Así pues, no es de extrañar que, cuanto mayores son los niveles de testosterona prenatal, mayor preferencia muestra el niño por los juegos tradicionalmente considerados masculinos, frente a juegos ligados más habitualmente a las niñas, y que normalmente implican mayores dosis de sensibilidad.

En el plano de la actitud, los niños con altos niveles de testosterona prenatal tienen una menor capacidad de autocontrol, y son más impulsivos y sensibles a las sensaciones positivas, por lo que son más dados a hacer lo que les proporcione satisfacción inmediata. Esta idea viene confirmada por otros estudios que asocian las altas cantidades de testosterona prenatal con la adicción a los videojuegos o incluso al alcohol. Además, por lo general, pueden resultar más agresivos.

A cambio, los varones con mayores niveles de testosterona prenatal también presentan una mejor respuesta endocrina en situaciones de desafío, segregando mayores cantidades de testosterona y cortisol, y, por tanto, afrontan más fácilmente retos como una prueba deportiva, operaciones de bolsa o un examen. De hecho, un estudio de 2011 comprobó que los niveles más altos de testosterona fetal se correlacionaban con un mejor desempeño en el examen de acceso a una Facultad de Medicina, pero que más adelante, durante la carrera, no existía una correlación entre estos niveles y las notas medias. «Nuestros resultados sugieren que los andrógenos pre y/o postnatales aumentan el rendimiento en situaciones que requieren una toma de decisiones inmediata y la capacidad de asumir riesgos, pero no influyen en el rendimiento cuando se requiere un enfoque más analítico y una mayor planificación», apuntan.

¿Y los que tienen bajos niveles de testosterona prenatal?

Aplicando todos los estudios anteriores en sentido contrario, los niños con bajos niveles de testosterona prenatal suelen tener menos peso al nacer, tienen una cara más ovalada, con el mentón más pronunciado y una frente más amplia. Los pezones suelen ser más grandes y algunos pueden tener el pecho de mayor tamaño (ginecomastia). El pene es más pequeño y el recuento espermático menor. Sintetizan peor las proteínas, poseen menor masa y fuerza muscular y les cuesta más esfuerzo tener un buen rendimiento deportivo. Nutricionalmente, no se sienten tan inclinados por los alimentos que incrementan la masa muscular, así que tienen una alimentación menos «carnívora» y probablemente menos caries.

Sin embargo, y a cambio de todas estas desventajas físicas, los niños con baja testosterona prenatal poseen gran sensibilidad y habilidades sociales. Empiezan pronto a hablar y son grandes parlanchines. Mantienen más contacto visual y poseen una gran empatía. Se sienten más inclinados a juegos considerados como femeninos, que implican más sensibilidad y manejo de lo social. Son menos agresivos, tienen mayor autocontrol y son menos impulsivos. En lugar de ser propensos a adicciones como los videojuegos y el alcohol, son más susceptibles al sufrimiento y a padecer ansiedad y depresión, por su mayor sensibilidad. Tienen un mayor rendimiento en los estudios, con mejores expedientes académicos.

Entonces, ¿qué es lo bueno? ¿Tenerla grande o pequeña?

La respuesta es variable. En los albores de la humanidad, en una sociedad nómada de cazadores y recolectores que vivía en un medio salvaje, las características de los hombres con altos niveles de testosterona les hacían tener una ventaja evolutiva, al poseer mayor fuerza física, más rapidez de reflejos y menos signos de debilidad (=sensibilidad). No en vano resultaban más atractivos a las mujeres y eran más aptos para la reproducción. Y así fue durante muchos siglos, en los que el ser humano vivió en mitad de penurias, guerras y hostilidades.

No obstante, la sociedad avanzó y las comodidades actuales han vaciado de contenido las habilidades masculinas. Ya no hace falta luchar ni cazar. En la sociedad actual priman las habilidades sociales, especialidad de las féminas, y los hombres con características más femeninas (con menores niveles de testosterona) son los grandes triunfadores. De hecho, hasta los gustos femeninos se han reorientado desde la racionalidad hacia un nuevo modelo de hombre sensible, intelectual, cuidado y hasta con menor volumen corporal. Los niños con bajos niveles de testosterona prenatal son el orgullo de sus familias y profesores, por lo mucho que hablan y lo bien que se desenvuelven en el entorno escolar.

¿Y qué pasa en la sociedad actual con los niños con alta testosterona prenatal?

Los niños con altos niveles de testosterona prenatal no lo tienen nada fácil. Su desarrollo psicosocial no concuerda con las expectativas actuales (centradas en lo social y en las habilidades innatamente femeninas) y fácilmente se les cuelgan etiquetas y sambenitos («malo», «bruto», «vago»…). Más recientemente, se les achacan todo tipo de trastornos mentales. No son pocos los estudios que asocian la alta carga de testosterona prenatal con trastornos como el TDAH, la esquizofrenia o el autismo. En este último caso, el famoso científico Simon Baron Cohen incluso ofreció la hipótesis de que las personas en el espectro del autismo poseen un «cerebro masculino extremo». Sin embargo, estudios recientes han rebatido esta teoría, como el dirigido por Bejerot en 2012 y una revisión de estudios realizada el mismo año por Hönekopp, quien indicó que, pese a que la testosterona prenatal puede considerarse un «factor de riesgo» de autismo, posiblemente ésta «provoque los cambios característicos del espectro autista sólo en cerebros con un daño específico». Por otra parte, cabe destacar que dos estudios realizados sobre la misma muestra de individuos, uno en 2012 y otro más exhaustivo en 2015, no encontraron ninguna correlación entre las hormonas masculinas prenatales y el autismo.

Todo parece indicar que, hoy día, el comportamiento de los hombres excesivamente viriles resulta molesto, especialmente durante la infancia, en la que los niños todavía no han aprendido a modular sus impulsos hormonales para adaptar su comportamiento a la sociedad en la que viven (algo que, salvo raras excepciones, acaba ocurriendo satisfactoriamente con el tiempo y la educación). De hecho, existe una teoría, respaldada científicamente, que afirma que el TDAH, en lugar de ser un trastorno, es un anacronismo, ya que se trata de un conjunto de cualidades que coinciden con las habilidades del cazador, altamente valoradas en la prehistoria.

En resumidas cuentas, los altos niveles de testosterona prenatal sólo apuntan a la existencia de unos rasgos más masculinos. Interpretar esta masculinidad como un trastorno ya es algo optativo. En cualquier caso, si, como vaticinan algunas obras de ciencia ficción, nos vemos afectados por una exorbitante catástrofe natural, una devastadora tercera guerra mundial o un desastre de magnitud universal y los seres humanos volvemos a vivir en situaciones adversas, quizá ya no lamentemos tanto que nuestro hijo sea uno de estos «trastornados».

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3 pensamientos en “El tamaño sí importa: lo que los genitales nos dicen sobre el desarrollo de nuestros hijos varones

  1. Como siempre muy interesante!!!, incluido el final 🙂 Pienso que en muchos casos lo que resulta “molesto” es todo aquello que se salga del molde (por arriba, abajo o de costado).

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      • Creo recordar que en la película “La educación prohibida” (www.educacionprohibida.com/ ) el pediatra Carlos González hablaba sobre esto. Un abrazo a ti también.

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