Los chicos, víctimas fáciles de falsos diagnósticos de autismo y TDAH

¿Por qué los niños tienen más papeletas para cargar con una etiqueta que las niñas?

011 niños y niñasPárate a pensar en los casos de autismo y TDAH que conoces. Seguro que todos, o casi todos, son chicos. Las estadísticas lo confirman: en EEUU, la proporción es de 5 niños con autismo por 1 niña con autismo. En el caso del TDAH, se estima que los niños diagnosticados suponen más del doble que las niñas. De hecho, es por esta razón que este blog siempre se refiere a los niños en masculino, ya que la inmensa mayoría de las familias que llegan a él tienen hijos varones.

¿Qué pasa con los chicos? ¿Su comportamiento es más «patológico» por naturaleza? Rotundamente, no. Lo que ocurre es, ni más ni menos, que su desarrollo temprano es diferente al de las niñas. De ahí que, si comparamos niños y niñas en su primera infancia, éstas parezcan estar años luz por delante de los niños en ciertas habilidades cognitivas y sociales. Por desgracia, es en estas edades tempranas cuando se realizan las evaluaciones, se otorgan los diagnósticos y se colocan las etiquetas. Las escalas y tablas de desarrollo infantil no suelen contemplar diferencias de género, aunque está demostrado científicamente que las niñas llegan antes a determinados hitos madurativos, como el control de esfínteres. Es más, el estereotipo (o «prejuicio») de moda en los últimos años es que las niñas son más inteligentes que los niños, aunque, sin embargo, según los últimos estudios, niños y niñas acaban generalmente llegando al mismo lugar con el paso de los años.

Las niñas «maduran» antes

Las diferencias más grandes entre niños y niñas se observan en sus primeros años de vida, especialmente en la adquisición de las habilidades sociales. Cuando son bebés ya podemos constatar que ellas aprenden antes a imitar gestos (saludar, aplaudir, hacer los «cinco lobitos»…). También aprenden antes a señalar, según un estudio realizado en Sussex (Inglaterra) y citado por el psicólogo Enrico Gnaulati, para comunicar a otras personas lo que atrae su interés. Más adelante, son capaces de «descodificar» las emociones que transmiten las expresiones faciales de los demás antes que los niños. Sobre los 3 ó 4 años, adquieren la habilidad de imaginar qué pueden estar pensando o cómo se pueden estar sintiendo otras personas, lo que se denomina «teoría de la mente», algo que los chicos no adquieren hasta los 5 años o más, según las conclusiones de un estudio dirigido por la catedrática australiana Sue Walker en 2005. Asimismo, las chicas llegan antes al juego simbólico y en compañía. Segun un estudio de la dra. Barbu publicado en 2011, «los niños en edad preescolar jugaban solos con más frecuencia que las niñas en edad preescolar. Esta diferencia estaba especialmente marcada a los 3-4 años».

Pero no sólo en el plano social avanzan más rápidamente las chicas que los chicos. Las niñas también adquieren más precozmente ciertas habilidades madurativas, como el control de esfínteres, y habilidades de psicomotricidad fina, como el agarre en trípode del lápiz.

Una explicación biológica: la testosterona prenatal

Estas diferencias saltan a la vista desde el punto de vista biológico. Nos parezca mejor o peor, hombres y mujeres somos diferentes biológicamente. De hecho, hombres y mujeres estamos «dominados» por hormonas diferentes: las consideradas hormonas masculinas (fundamentalmente, la testosterona) y las llamadas hormonas femeninas (principalmente, estrógenos y progesterona). La influencia de las hormonas masculinas hace que predomine la actividad cerebral en determinadas zonas del cerebro, y que se restrinja en otras zonas del cerebro, como la del lenguaje, lo que propicia un desarrollo más lento en ciertas habilidades.

Además, dentro del propio género masculino, hay diferencias en función de la cantidad de testosterona recibida durante el embarazo, lo que se conoce como testosterona prenatal o testosterona fetal. Para hacernos una idea de los niveles de testosterona prenatal que ha recibido un niño determinado, podemos fijarnos en sus dedos anular e índice. Es lo que se conoce como ratio 2D:4D. Generalmente, las chicas tienen los dos dedos más o menos iguales, y los chicos tienen el anular más largo. Cuanta más diferencia exista entre el dedo anular y el índice, mayores cantidades de testosterona recibió esa persona en el vientre materno.

Desde hace algún tiempo se sabe que los niveles de testosterona prenatal influyen enormemente en el desarrollo de los niños. Según un estudio científico de 2013 que analizaba la testosterona biodisponible en la sangre de cordón umbilical, cuanto más altos sean los niveles de testosterona, menor es el vocabulario del niño a los 2 años de edad. Debido a este retraso en la adquisición del lenguaje, que muchos asocian erróneamente con trastornos del espectro autista; los altos niveles de testosterona prenatal también se han ligado tradicionalmente al autismo. Incluso hay quien ha llegado a hablar de que el autismo podría estar asociado al «cerebro masculino extremo». Hay estudios que avalan esta teoría, como un estudio de 2012, realizado con niños de entre 18 y 24 meses, que observó más rasgos presuntamente autistas entre los niños con niveles más altos de testosterona prenatal. No obstante, como ya hemos comentado, a esas edades es muy difícil diferenciar los síntomas de autismo de los rasgos inmadurez; inmadurez a la que son más proclives los niños con altos niveles de testosterona prenatal. De hecho, los últimos estudios científicos no realizados con niños, sino con adultos de 20 años de edad, elaborados también con sangre de cordón umbilical, no observan relación entre la testosterona existente y disponible en dicha sangre y los síntomas de autismo en la edad adulta. Así lo confirma un estudio de 2012 y otro estudio sobre la misma muestra de adultos realizado en 2015, en el que también se tuvieron en cuenta otras hormonas masculinas como la androstenediona y la dehidroepiandrosterona, y además su relación con las hormonas femeninas, y que, de nuevo, no halló ninguna relación entre las hormonas masculinas prenatales y el autismo.

El desarrollo del lenguaje no es el único que se ve lastrado por la testosterona prenatal. Otro estudio de 2015 asegura que la testosterona prenatal o fetal «juega un papel en el desarrollo sociocognitivo, a menudo atenuando las habilidades socioafectivas». Según este estudio, los hombres con niveles más altos de testosterona prenatal fueron menos capaces de identificar mejor el estado emocional de una tercera persona que los hombres con mayores niveles de testosterona prenatal. Por otra parte, un estudio de 2014 detectó una menor capacidad de autocontrol en niños en edad preescolar que habían estado más expuestos a la testosterona prenatal. Otro estudio de 2012, comentado en Livescience, señala que los niños con niveles más altos de testosterona prenatal son más impulsivos y más sensibles a las sensaciones positivas, por lo que son más dados a hacer lo que les proporcione satisfacción inmediata.

Chicos y chicas, cada cual a su ritmo, llegan al mismo sitio

No obstante, cabe destacar que estas diferencias fisiológicas marcadas por las hormonas sólo son significativas en la primera infancia y las primeras etapas del desarrollo. Así, con el paso de los años, chicos y chicas llegan al mismo lugar. Según un revelador informe publicado en 2015 por la OCDE (la misma institución que elabora el famoso informe PISA), bajo el título «The ABC of Gender Equality in Education» («El ABC de la igualdad de género en la educación»), a lo largo de la etapa escolar, las diferencias entre chicos y chicas ya no son puramente madurativas, sino que provienen más bien de su actitud. No se trata de que las chicas sean «más listas» que los chicos, como últimamente se había asumido, sino que las chicas, en promedio, son más disciplinadas y dedican más tiempo a estudiar y hacer deberes, mientras que los chicos dedican más tiempo a los videojuegos y el ocio, lo que concuerda con sus dificultades de autocontrol y su inclinación a realizar actividades que les reporten un placer inmediato. Apunta el estudio de la OCDE que estas diferencias de actitud entre chicos y chicas pueden incluso hacer aflorar prejuicios por parte del profesor, que, ante un chico y una chica que tengan un desempeño igual en un examen, tenderá a otorgar una nota más alta a la chica por su actitud disciplinada y su constancia en el trabajo.

Tras estos avatares de la infancia, chicos y chicas acaban llegando al mismo lugar. El informe de la OCDE también analizó a chicos y chicas tras la etapa de escolarización obligatoria, ya jóvenes adultos de entre 16 y 29 años, a través de una Encuesta de Competencias en la Edad Adulta. Ésta halló que las chicas sólo superan a los chicos en 1 punto en competencias lingüísticas, una diferencia que no se considera significativa. Curiosamente, el estudio señala que «España es el único país en el que los jóvenes adultos superan a las jóvenes adultas en competencias lingüísticas [de forma significativa], aunque la diferencia (tres puntos) es pequeña». Al mismo tiempo, señalan que, en cuanto a competencias matemáticas, «los jóvenes adultos superan a las jóvenes adultas por un amplio margen», concretamente en una media de 8 puntos.

011literacyEstos resultados, según el mismo informe de la OCDE, apuntan a que «quizá los chicos se desarrollan cognitiva y emocionalmente más despacio que las chicas, y esto puede verse reflejado en los datos que muestran que los jóvenes adultos “pillan” a las jóvenes adultas en cuanto a competencias lingüísticas. Además, el entorno escolar no atiende particularmente bien los intereses y la disposición de los chicos. Así que, mientras en el colegio los chicos son considerablemente menos propensos que las chicas a implicarse en actividades que les ayuden a mejorar sus competencias lingüísticas, como la lectura por placer, los jóvenes adultos pueden sentirse mucho más inclinados a realizar estas actividades en el trabajo o en casa».

En resumen, los chicos no tienen más problemas ni presentan más trastornos que las chicas, ni tampoco son menos inteligentes. Todo parece indicar que el problema radica en que los chicos encajan peor que las chicas en el entorno escolar. Y, además, los chicos que tienen mayores niveles de testosterona prenatal encajan todavía peor. ¿Por qué? En primer lugar, porque no se tiene en cuenta su maduración más lenta; en segundo lugar, porque su carácter impulsivo siempre tendrá más dificultades para encajar en un sistema que exige largos periodos de tiempo de estar sentados, quietos y atentos. Por eso debemos estar alerta frente a un sistema que patologiza y penaliza actitudes predominantemente masculinas, sin tener en cuenta una perspectiva de género a la hora de adjudicar trastornos o abordar conflictos.

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